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sábado, 28 de marzo de 2020

LOS DESVARÍOS CONTRA LA NATURALEZA


Lola Membrives

 PANDEMIA, NATURALEZA, ARTE

“Algunos dicen que la naturaleza es sabia. Pues yo digo que es bruta pero vieja, muy vieja”.


Estas palabras se las oí a un profesor de Medicina en la carrera. Yo estaba terminando, era 1971, creo recordar. Nos impartió magistralmente unas clases de Endocrinología en la asignatura de Clínica Médica III. Se trataba del médico y dramaturgo argentino, el doctor Juan Reforzo Membrives (BsAs1908-BsAs 2002).


Hijo de la gran actriz hispanoargentina Lola Membrives, célebre en Argentina y en España y del empresario español Juan Reforzo. Se había graduado en la Universidad de Buenos Aires, fue discípulo del premio Nobel de Medicina, el argentino Bernardo Houssay.

Reforzo pasó su vida entre Madrid, Valencia y la capital del Río de la Plata. Se perfeccionó en la Clínica Mayo y en la Universidad de Harvard y recibió valiosos premios en España y en Argentina. Y además escribió novela y teatro.


Su estilo elegante, preciso y su observación sagaz en una época en que quedaban ya pocos formadores clínicos, lo destacaban notablemente. Nos impartió unas pocas clases, pero inolvidables para mí. El particular interés por la Endocrinología se entiende en un médico humanista y culto; en sus años de formación, los años iniciales de la especialidad, el enfoque integrador a nivel académico era casi novedoso y estaba sostenido en el conocimiento de las glándulas de secreción interna, la teoría de Selye, los textos de Freud. Era la época de la distonía neurovegetativa, la neurastenia.

Por cierto, el nobel otorgado a Houssay fue en 1947 por la relación entre la hipófisis y el metabolismo glucídico, otra conexión con la Endocrinología.


Pero ¿Qué me dejaron aquellas palabras acerca de la physis de los griegos antiguos? Se trata de conceptos claramente darwinistas, que eludían radicalmente reconocer a la naturaleza una organización teleológica, un sentido finalista. La naturaleza funciona, fundamenta y sustancia todas las cosas, seres, animales, vegetales, astros. Pero lo hace de un modo que es el suyo, no intelectivo, no discurriendo, no decidiendo.

Y hay un vínculo que es también una separación indudable, entre naturaleza por un lado y los usos, costumbres y leyes que se dan los hombres (los nomoi) por otro lado. En esa relación destaca el carácter variable de los usos y leyes. Nos interesan aquí las circunstancias que se revelan cuando los usos y leyes van contra la naturaleza.


Se me dirá que las propiedades que los médicos de la Antigüedad atribuyeron a la physis son conceptos metafísicos. Sí lo son, el orden, la armonía, el automatismo, la finalidad y otros. (Y que buena parte de ello, ha sido negado por el darwinismo al que aludía la expresión del doctor Reforzo Membrives, “la naturaleza es bruta pero vieja”, negándole sabiduría alguna).


Y también me dirán que las costumbres y las leyes que se dan los seres humanos no provienen claro está, de ningún orden natural.

Pero cuando los usos y las costumbres se enfrentan tan abiertamente al orden armónico natural, los resultados suelen ser catastróficos.

Y algo de esto está ocurriendo con la longevidad, por ejemplo. La maternidad después de los 40 años de la madre primeriza, los nacimientos tan escasos en los países ricos, la distorsión demográfica de las curvas de población. El empeño de todos en vivir cuanto más, mejor, genera sociedades de viejos. Por lo demás la muerte está tan desvalorizada como temida.


Pero por más que hagamos deporte, nos alimentemos muy bien, gestionemos bien nuestras emociones, hagamos terapia, meditemos y busquemos evolucionar adecuadamente, los telómeros se acortan, el envejecimiento prospera, la inmunidad se hace menos eficaz y las enfermedades crónicas progresan.


Se diría que una población plena de ancianos y con pocos niños provoca respuestas en la physis. La physis no piensa ni razona, pero reacciona. La pandemia que estamos viviendo en 2020, es una respuesta. Ahora se están señalando los cambios favorables que provoca en los indicadores del cambio climático, el aislamiento obligado de buena parte de la población mundial. Las ciudades más limpias desde el aislamiento, el cielo sin humos, etcétera.

El Arte, la Medicina humanista, que es ciencia, arte y técnica, como señalaba Marañón, nos pueden proteger del dogmatismo. De ese "estar seguros de todo", que resulta tan nefasto.


La foto del encabezamiento es de Lola Membrives de quien recuerdo entrañablemente su personaje de Raimunda en La malquerida, de Jacinto Benavente.
A finales de los años 80 encontré casualmente al profesor Reforzo Membrives en un pueblo de la sierra madrileña. Vivía retirado en su casa de Valdemorillo adonde por entonces yo tenía la mía.

martes, 17 de marzo de 2020

HOMÖOPATHISCHE BEHANDLUNG CHRONISCHER KRANKHEITEN

LA VERSIÓN ALEMANA DE TRATAMIENTO HOMEOPÁTICO DEL ENFERMO CRÓNICO


Poco después de la publicación de Tratamiento homeopático del enfermo crónico, en 1986 en Madrid por Ediciones

 Miraguano, la editorial Sonntag Verlag, de Stuttgart manifestó su interés en publicarlo en lengua alemana. El Dr Hartmut Baltin, médico homeópata se encargó de la preparación y


del prólogo de la edición.
La traducción fue de Petra Borchert.
Se publicó finalmente en 1993. La edición, muy cuidada, en tapa dura.
El libro contiene una foto mía de aquellos años, que aquí vemos. Es el único libro mío que contiene una foto del autor y la publico como curiosidad.

sábado, 29 de febrero de 2020

TERAPIA NEURAL


TERAPIA NEURAL


UNOS RECUERDOS PARA DEFINIRLA



En 1997 impartí un taller de Terapia Neural en Zaragoza. Ya había hecho otros en Madrid y Valencia donde conocí al Dr Rafael Torres Collado, entre otros médicos de entonces que después fueron mis amigos. Pero el de Zaragoza lo recuerdo especialmente porque lo había organizado un querido amigo, el Dr Elías Abinader, médico salvadoreño que ya no está entre nosotros, muy entusiasta de mi enseñanza en Homeopatía y un verdadero estimulante para mí y para mi febril actividad de entonces.

También recuerdo que, entre los asistentes, no más de una docena de médicos, estaba la doctora Juana Roa Vicente, hija de mi amigo D. Antonio Roa Irisarri, fisioterapeuta y acupuntor, que tampoco nos acompaña ya, y que unos años antes había desarrollado un exitoso centro de medicinas alternativas en Estella, Navarra, Centro Médico Fisios, llevando a cabo una labor inmejorable de enseñanza y terapia con grandes especialistas del mundo de aquella época.


Aquel taller en Zaragoza consistió en una exposición teórica por la mañana y una mostración práctica por la tarde. Habían acudido media docena de pacientes que convocó Abinader y enseñé en forma directa el abordaje del ganglio estrellado, el del plexo prostático, el epidural, el simpático y paravertebral dorsales y por supuesto el desbloqueo de cicatrices y la terapia segmentaria.

Estas técnicas yo las había aprendido en Buenos Aires donde hice mi formación en Anestesiología durante los primeros años 70.


Y recuerdo que el Dr Pablo Taubin, que en los años 70 era presidente de la Sociedad Argentina de Acupuntura, donde tomé contacto con la Acupuntura, relataba un caso de dermatitis atópica extensa, que había reaccionado con la desaparición brusca del eritema cuando se le instilaron unas gotas de un colirio con procaína. La paciente tenía también una cicatriz de una antigua úlcera de córnea. Se trataba del fenómeno en segundos descrito por los introductores de la Terapia Neural, los hermanos Ferdinand y Walter Huneke en los años 20 del siglo pasado. Esto fue suficiente para despertar mi interés por la Neuralterapia.


Yo había estudiado con mucha dedicación los anestésicos locales en la cátedra de Farmacología que dirigía el Profesor Manuel Litter y donde hice la especialidad de médico farmacólogo. En especial la procaína. En los años 60 y 70 estaban en liza las otras utilidades de la procaína. En muchos hospitales se utilizaba la procaína por vía intravenosa como anestésico general, como enseñaba mi jefe el doctor Julio Parada en el Hospital Alvear de Buenos Aires y yo mismo la empleaba diariamente. Por otra parte, la rumana Doctora Aslan había introducido su tratamiento de revitalización y rejuvenecimiento con procaína y potasio. Por cierto, Litter negaba radicalmente que esto último tuviera suficiente soporte científico y en su Tratado de Farmacología afirmaba que “el canto de la procaína ha terminado”.


En España, en los años 80 tuve el gusto de conocer durante un viaje a Alemania al doctor Francisco Rivera Rojas, quien después fue presidente de la Sociedad Española de Terapia Neural (SOMETEN). Explicaba la Terapia Neural como una medicina de Biorregulación Cibernética.


¿Qué es la Neuralterapia?

En los años 20, los hermanos Huneke en Alemania hicieron sus primeros trabajos con procaína en baja concentración, menor de la que se emplea en anestesia local. Además, la mezclaban con cafeína, el preparado se llamó impletol.



Las bases de la Terapia Neural derivan de las observaciones de Ferdinand y Walter Huneke de lo que en principio se llamó una acción a distancia de la inyección local de los anestésicos locales. El llamado “fenómeno en segundos”, que se observa algunas veces es una manifestación, la más llamativa de esa respuesta. Enseguida se observó que la secuencia de los hechos observados no era solamente química, sino que intervenía algún fenómeno de naturaleza física, como lo es el campo interferente y su resolución.

La utilidad terapéutica de todo esto constituye un campo de proyección enorme ya que en cada paciente es posible descubrir interferencias que no siempre se pueden generalizar y sistematizar para una determinada enfermedad.


A modo de recuerdo este es el guion de aquel taller en Zaragoza de 1997:



PRESENTACIÓN.



•        Antecedentes en la medicina clásica.

•        Huneke. El fenómeno en segundos. Aportaciones de Speransky en su libro Bases para una nueva teoría de la medicina.

•        Interpretación físico – energética de la afección crónica. Cibernética.

•        Lesiones perturbadoras: dientes, cicatrices, afecciones crónicas: amígdalas, senos paranasales, anexos al útero, próstata, apéndice, etc. (foco interferente).

•        Papel del anestésico local.

•        Terapia segmentaria, terapia a distancia y terapia troncular.

•        Uso de los anestésicos locales. Procaína, impletol, formicaín, lidocaína, mepivacaína.

•        Intoxicación: dosis máxima permitida. Concentraciones.



PLEXO BRAQUIAL.


Vía supraclavicular (Kulenkampf).

Punto medio clavícula. 1 cm. Por encima de la clavícula y por fuera de la arteria subclavia si se palpa.


Dirección hacia abajo atrás y adentro para tocar la primera costilla. Inyectar.

Dos inyecciones complementarias:

1º Hacia borde exterior costilla.

2º Hacia tubérculo Chassaignac.



Vía axilar.


No se obtiene anestesia del nervio circunflejo (deltoides y región deltoidea).


a)      Brazo 90º abducción. Palpar arteria axilar.

b)      Vía baja junto al húmero, debajo del tendón del pectoral mayor.


Buscar parestesias.




BLOQUEO SIMPÁTICO.


Ganglio estrellado.



-        Vía anterior (para traqueal).

-        Aguja larga.

-        Penetrar 5 – 6 cm.

-        Separar los vasos hacia fuera.

-        Tocar hueso y retirar.





-        Vía lateral:

-        Peter Dosch (entre la tráquea y los vasos). Posterior al esternocleidomastoideo.

-        Por fuera de los vasos. Punto medio de la clavícula.



Esplácnico (troncal simpático).



-        Aguja larga.

-        7 cm. de la línea media.

-        Inyectar 20 ml. Contactar la 12ª costilla punzando perpendicular y luego rectificar a 30º de sagital hasta cuerpo vertebral L1.

-        También buscar luego D12 y L2.

-        Profundidad total 8 – 9 cm.



Simpático lumbar.



1º Perpendicular hasta apófisis transversa.

2º Rectificar y punzar hacia adentro y arriba 2 –3 cm más hasta el cuerpo vertebral.

Profundidad total 8 – 9 cm.




EPIDURAL.


Técnica.

-        Material: aguja Tuohy.

-        Punción.

-        Errores.

-        Complicaciones.

Recuerdo anatómico.

Indicaciones.


PARAVERTEBRAL.



Plexo cervical. (para vertebral C1 – C4).



-        Vía posterior:

-        Decúbito lateral.

-        2 cm. de la línea media.

-        Vía lateral:

-        2 cm. C2 (también borde posterior del esternocleidomastoideo).

-        C5   cartílago

-        C6   tiroides.




Torácico (dorsal). (punzar la apófisis transversa).



-        4 – 5 cm de la línea media.

-        Inclinación de 25º respecto del plano sagital.

-        Se llega al espacio paravertebral 2 o 3 cm después de contactar la costilla.


Lumbar.

-        Buscar parestesias.

-        Buscar apófisis transversa.

-        Punción perpendicular.



PRÓSTATA.



-        Decúbito lateral, flexión de muslos y piernas. Escroto recogido.

-        Aguja larga 8 – 10 cm.

-        Dos pápulas para mediales entre la raíz del escroto y el ano. (A ambos lados de la porción horizontal de la uretra).

-        Dedo índice izquierdo en el recto y palpa la próstata.

-        La aguja busca la próstata en dos punciones.

-        La solución refluye hacia la jeringa.



ARTICULARES.



Rodilla. Hombro. Cadera.



BLOQUEO GANGLIO ESFENOPALATINO.

(y 2º rama del trigémino)



-        Abordar la fosa ptérigo palatina o ptérigo maxilar. (entre apófisis pterigoides y hueso maxilar superior).

-        Punzar por vía cigomática.

-        Boca semiabierta.

-        Punto medio del arco cigomático.

-        La aguja entra por debajo del arco, toca la apófisis pterigoides a 4 – 5 cm; rectifica e inclinando hacia delante y algo hacia arriba.

-        Avanza 1 cm, más.




MATERIAL.

•        Agujas desechables. (Caja de agujas: epidural, punción etc.).

•        Jeringuillas.

•        Gingicaín.

•        Guantes.

•        Algodón, gasa, esparadrapo.

•        Alcohol.

•        Rotuladores.

•        Ampollas de suero fisiológico, formicaín, procaína, etc.



Consulta bibliográfica:

Anestesia regional de Labat

Anestesia epidural de Turner

Neuralterapia Peter Dosch






viernes, 22 de noviembre de 2019

LA SIMILITUD QUE NO ES LEY





La similitud no siempre se cumple por eso no conviene llamarla ley.

Esta afirmación que puede impactar nos remite inmediatamente a estudiar las fuertes vinculaciones entre similitud y patogenesia.
Pido permiso al lector para citar algunos párrafos de mis publicaciones anteriores sobre este tema:

“Similitud y patogenesia se desarrollaron juntas, se limitan entre sí y se justifican mutuamente. No pueden existir una sin la otra en Homeopatía. Cuando se expone la similitud surge la pregunta: ¿semejante a qué cosa? Y la respuesta: Semejante a la patogenesia.
¿Y la patogenesia para qué? Para poder establecer la similitud.” (Fundamentos de teoría homeopática, 1995)
Esto significa que la similitud como terapéutica, como tratamiento exitoso, sólo se cumple si hay un tipo sensible al que aplicárselo. No siendo así, no se cumple. Por eso yo he preferido hablar de Principio de similitud, no de ley. La ley es lo que se cumple siempre, principio en cambio es un punto de partida.
Es decir, los dos términos de la similitud son, por una parte, el cuadro clínico que padece el enfermo que acude al homeópata y, por otra parte, ¿por otra parte qué?

¿En el otro término está la “enfermedad” provocada por el medicamento si éste es tóxico? ¿O el cuadro sindrómico que presentan algunos sujetos de la experimentación patogenética?
Esto en su momento fue muy importante para Hahnemann cuando leyó los síntomas atribuidos a la quina y lo llevó a padecer una auto intoxicación cuando se la administró a sí mismo.

Si leemos una Farmacología de prestigio, Goodman & Gilman, 1996, vemos que la quinina es un antitérmico poderoso que no se emplea como tal porque tiene fuerte toxicidad relativa. Y por otra parte es un antipalúdico supresivo de poco uso actualmente salvo para el paludismo por plasmodio falciparum. 
El cinconismo, la intoxicación por cinchona (quina) en su forma leve es un cuadro de acúfenos, cefaleas, náuseas, perturbaciones visuales (y en su forma más grave visión borrosa, diplopía, hemeralopía, midriasis, lesión del nervio óptico, ceguera). Y afirma claramente que cuando dosis pequeñas de quinina, el alcaloide principal de la cinchona, ocasionan manifestaciones tóxicas, siempre se produce en personas hipersensibles al medicamento. Nótese que no dice alergia, dice hipersensibilidad. 
Cuando está presente esta hipersensibilidad a veces basta una sola dosis de quinina para provocar fiebre, síntomas gástricos, hiperemia, erupciones cutáneas, prurito y a veces asma y hemoglobinuria. Podemos entender esta sintomatología en personas hipersensibles como una verdadera patogenesia con el remedio sin diluír.

Lo cual nos lleva a suponer que el mismo Hahnemann era un tipo sensible para cinchona ya que él respondió positivamente en la experimentación.

Vamos ahora a una referencia más actual. En el blog del Dr. Gabriel Hernán Gebauer, de 2001, este médico y filósofo chileno elabora un sesudo estudio epistemológico sobre el tema de la similitud que invito a leer: http://www.homeoint.org/books3/semejantes/03.htm?fbclid=IwAR0jCVqRkYlt9Yk_j364lEe92GZ0IDPAfLOBlqm8QCcROrafyJqtFe6A7-Y

En esta nota refuta a Carrol Dunham, Karl Stauffer, Henry Duprat y a mí mismo. Y me atribuye lo siguiente:
Ricardo Ancarola (dice): "El principio del similar puede formularse así: El similar cura al similar, o sea: Las enfermedades pueden curarse con sustancias que provoquen habitualmente síntomas y signos similares a los que provoca la enfermedad." [Ancarola, Ricardo, (1), p. 43.] Se refiere a mi libro Tratamiento homeopático del enfermo crónico, publicado en Madrid en 1986.
Y me critica que yo no me percate de que el remedio homeopático solamente cura cuando el enfermo es un sujeto sensible como lo muestra el hecho de que los síntomas patogenésicos surgen en los tipos sensibles y no con todos los sujetos de la experimentación.
Lamento que este autor leyera de toda mi obra tan poca cosa.

Esa definición que yo doy es el punto de partida para reflexión sobre la similitud en Medicina que hice entre 1984 y 1995.
Escribí en 1986: “Muchos años después de Hipócrates, que había adelantado la curación con similares, Hahnemann vuelve a plantear el tema de los similares en terapéutica pero sobre la base de la confección de la patogenesia, que constituye una verdadera investigación previa”.

Para corregir este supuesto olvido mío, Gebauer más adelante hace una reformulación de la ley de los semejantes:
"Para toda sustancia, -sea de origen mineral, vegetal o animal, si se trata de una especie natural, como para toda sustancia artificial (o sintética)-, si la sustancia tiene la capacidad de producir una enfermedad característica, cuya única expresión la constituye un conjunto específico o estructura de síntomas (y signos), cuando es ingerida a dosis ponderables o atenuadas, por cualquier ser humano sano sensible; entonces esa sustancia tiene también la capacidad de hacer desaparecer la enfermedad característica que se expresa por un conjunto similarmente específico o estructura de síntomas (y signos), cuando está presente en cualquier ser humano enfermo, ya sea de manera espontánea o provocada, al ser ingerida en forma atenuada".

A modo de respuesta me remito a mi publicación de 1995, seis años anterior a la suya:
“La similitud está más o menos fuertemente ligada a la individualización. Se puede afirmar que cuando la similitud se establece entre el cuadro clínico y el cuadro patogenésico experimental, la individualización es máxima. Por el contrario, la individualización es mínima cuando la similitud se hace entre el cuadro clínico y el toxicológico”.
Y esto se explica con facilidad, la intoxicación abarca a todos los sujetos que contactaron con el tóxico. En cambio, los síntomas patogenéticos sólo los desarrolla el hipersensible, que no es más que el tipo sensible.

En resumen, no hay similitud sin patogenesia y viceversa. “Sin patogenesia la similitud es una mera superchería. Con patogenesia, la similitud puede ser una teoría terapéutica”.

Siempre he tratado de desarrollar este tema con actitud acorde al tiempo en que vivo, por entonces finales del siglo XX y ahora en 2019 y no con estilo decimonónico, en aras de la claridad.

domingo, 3 de noviembre de 2019

MÁS SOBRE EL PLACEBO Y LA HOMEOPATÍA


 MÁS SOBRE EL PLACEBO Y LA HOMEOPATÍA



 


Si bien la Farmacología define al placebo en forma de negación, es decir "toda aquella respuesta favorable a una sustancia que no proviene de la acción farmacológica", la Homeopatía no puede sostener lo mismo. Y no puede hacerlo por el propio ser de la Homeopatía, ya que ella misma no produce acción farmacológica.

Siendo que el efecto homeopático no deriva de la acción farmacológica, la Homeopatía debe intentar definirse de otro modo y esto afecta al concepto de placebo.



Desde la perspectiva del farmacólogo, efecto placebo y efecto homeopático pertenecen a la misma categoría, a los fenómenos explicados por el azar. El campo homeopático es, en opinión del farmacólogo sin formación en Homeopatía, una cosa más dentro del campo de los placebos.



Veamos la definición de la Real Academia Española RAE: “Placebo es la sustancia que carece de acción curativa pero produce un efecto terapéutico si el enfermo la toma convencido de que es un medicamento realmente eficaz; tiene el mismo aspecto, gusto y forma que un medicamento verdadero pero está hecho de productos inertes y sin ningún principio activo”.

Y nos da un ejemplo: suele decirse "es un hipocondríaco y el médico le receta placebos en muchas ocasiones."

Creo yo que esta es una definición del conocimiento profano, fuera del campo médico. Digo esto porque supone que el enfermo toma el placebo “convencido” de que todo irá bien. Y esto es hasta cierto punto redundante ya que se supone que el paciente siempre tiene ese convencimiento.

Pero la definición de la RAE considera que hay sugestión en el mecanismo. Y yo agrego: no hace falta ni tal convencimiento, ni tal sugestión. Los pacientes más descreídos del método placebo suelen responder igualmente bien a él.



Placebo y psicoterapia



Según estas definiciones el placebo estaría en el campo de la psicoterapia, considerada ésta groseramente. Todas las formas de psicoterapia tienen en común la puesta en juego de un factor central cual es la transferencia en la relación terapeuta-paciente.



La función del placebo como actualización de la transferencia en la cura psicoterápica



Freud concibió la transferencia como el modo en el que la mente revive ciertas experiencias relacionadas con vínculos (que han quedado fijadas en nuestro inconsciente en una relación anterior) al interactuar con alguien en el presente. Yo entiendo que el placebo, que es una sustancia inerte, actualiza en cada toma los vínculos que el paciente hace con su médico desde la primera entrevista. Tomando por válido el concepto transferencia, no puede hablarse de “mera sugestión” en la supresión de un síntoma cuando mencionamos el mecanismo del placebo. La desaparición de un síntoma agudo sí puede tildarse de sugestión pero el placebo también puede influir favoreciendo  la evolución de una enfermedad crónica.



La fundamentación de su propia validez, la Homeopatía no la obtiene de la estadística; al menos no por ahora. Este tema lo he tratado en otras entradas del blog y también en mis libros.

El efecto homeopático se sustenta en la respuesta individual y por lo tanto no se afirma en una o varias generalizaciones de series de casos.

De este modo el concepto de placebo en relación con la Homeopatía se define por lo positivo y no por lo negativo. Más claramente, el efecto homeopático se reconoce por lo que es o sea por sus propias características y no por la ausencia de una acción determinada, la farmacológica, como decíamos arriba.



Aparición del efecto placebo durante un tratamiento homeopático



El homeópata se encuentra en muchas ocasiones en su práctica diaria, con la necesidad de pesquisar el posible efecto placebo en un paciente que fue prescrito con tratamiento homeopático y así poder trazar las diferencias entre lo que es propiamente respuesta homeopática y lo que es la respuesta a un placebo. Ello ocurre generalmente cuando el paciente no había sido bien medicado.



Nos encontramos aquí con una dificultad para hacer la distinción. Tanto la respuesta al medicamento homeopático mal indicado (que puede funcionar a modo de placebo) y la respuesta a un placebo prescrito deliberadamente (lo cual es corriente en la práctica del homeópata unicista), constituyen ambos efectos reaccionales aunque de diferente naturaleza según veremos.



Uso la expresión reaccional para designar una respuesta terapéutica mediada por una reacción del organismo en oposición a la respuesta accional que encontramos en el uso de fármacos. Al ser ambos efectos reaccionales, el que proviene del placebo y el proveniente del remedio homeopático, tienen aspectos comunes y para distinguirlos en la práctica se han definido tácticas concretas por numerosos autores. (para ver mi enfoque se puede acudir a "Tratamiento homeopático del enfermo crónico" Ed. Miraguano. Madrid.1986. pág 70 a 78), también en PDF en este blog.



La puesta en marcha de ambas reacciones, en el caso del placebo y en el caso del medicamento homeopático bien indicado es radicalmente diferente:

En el medicamento homeopático es un estímulo físico, en el placebo es un estímulo que a falta de otra palabra debemos llamar psicológico Es decir el organismo-persona que lo recibe le atribuye una entidad, una propiedad y a partir de esto se ponen en marcha un conjunto de cambios funcionales que se relacionan con lo motivacional. Se trata de las expectativas y afectan al campo psíquico para reflejarse en áreas diversas de lo somático: inmunitario, neurovegetativo, neurológico, humoral, reparación inflamatoria, constantes bioquímicas y celulares de la sangre. En suma todo lo que define la homeostasis.



La sospecha de que la respuesta a su tratamiento pueda deberse a un efecto placebo debe estar presente en cada acto de un médico. Y esto es conveniente no para invalidar un tratamiento sino para posicionarse correctamente en cada caso y entender el médico su papel psicoterapéutico, para manejarlo y darle un destino y una finalidad.

Precisamente por las similitudes del mecanismo fisiológico entre reacción homeopática y reacción al placebo es necesario  un cierto rigor metodológico para establecer que un resultado terapéutico se debe a la primera y no a la segunda.



Este rigor por el compromiso con la verdad que tiene todo médico hace que sea de buen proceder agotar las instancias para averiguar qué hay detrás de cada curación, por respeto al paciente, a los colegas y a la práctica homeopática en general, que no debe ser contaminada con dudas.