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miércoles, 31 de mayo de 2023

IMAGINACIÓN, PENSAMIENTO, MEDITACIÓN, HIPNOSIS



En algunas escuelas de orientación budista se enseña que hay situaciones en las que la conciencia vigilante se desconecta: el sueño, el orgasmo, el estornudo, el hipo. También ocurre con el samadhi durante la meditación, que es el estado de absorción de la conciencia perfectamente concentrada.

En la meditación zen se afirma que cuando el meditador busca no pensar en algo determinado, entonces suele ocurrir que piensa más aún en ello. Es relativamente fácil de comprobar esto con uno mismo. Y por eso para meditar hay poner la atención en un objeto en forma concentrada, que puede ser en las sensaciones corporales, en la respiración, en la posición del cuerpo.

Por otra parte, durante la hipnosis, se constata que la sugestión, la escena sugerida, se consigue cuando el operador da las directivas indirectamente. Cuando se
ordena en forma directa, la imagen no surge. El sujeto “piensa” y no surge.

Algo parecido ocurre cuando un insomne intenta dormir pensando en que debe dormir. Es entonces cuando no lo consigue.

La sugestión indirecta es la motivación exitosa, de esto saben los publicistas.

Cuando se trata con hipnosis el dolor crónico se contraponen la sensación cenestésica, el dolor mismo, con la imagen sugerida que es el instrumento para liberarlo del dolor.

El hipnotizador no debe ser autoritario, pero debe ejercer cierta autoridad y que el sujeto se la reconozca.

¿Se trata de estados alterados de consciencia? Creo que no exactamente.

 

martes, 23 de mayo de 2023

PARANOIA A PROPÓSITO DE LA PANDEMIA

 

·        Desde el comienzo mismo de la pandemia de Covid19 se lanzaron por parte de la opinión pública versiones que fueron calificadas de conspirativas por las autoridades. El origen mismo de la enfermedad, los supuestos fines de un plan siniestro y la atribución de un determinado proyecto universal que llevaría a la humanidad a un cambio de rumbo radical. Se ha llamado a esto con cierto humor, “plandemia”.

·        Por otra parte, se calificó toda esta producción argumental de “conspiranoica”, palabra que ha sido fuertemente revitalizada y que tiene resonancias psiquiátricas, nos remite a paranoia.

·        Paranoia, se la describe actualmente como trastorno delirante, pero sin alucinaciones. Así se la distingue de la esquizofrenia.

·        Por otra parte, se acepta un trastorno de personalidad paranoide que se conoce desde antaño y que el DSM V (actualización del texto de la Psiquiatría Americana) describe: 

 

Trastorno de la personalidad paranoide

Criterios diagnósticos 301.0 (F60.0)

·        A. “Desconfianza y suspicacia intensa frente a los demás, de tal manera que sus motivos se interpretan como malévolos, que comienza en las primeras etapas de la edad adulta y está presente en diversos contextos, y que se manifiesta por cuatro (o más) de los siguientes hechos:

·        1. Sospecha, sin base suficiente, de que los demás explotan, causan daño o decepcionan al individuo.

·        2. Preocupación con dudas injustificadas acerca de la lealtad o confianza de los amigos o colegas.

·        3. Poca disposición a confiar en los demás debido al miedo injustificado a que la información se utilice maliciosamente en su contra.

·        4. Lectura encubierta de significados denigrantes o amenazadores en comentarios o actos sin malicia.

·        5. Rencor persistente (es decir, no olvida los insultos, injurias o desaires).

·        6. Percepción de ataque a su carácter o reputación que no es apreciable por los demás y disposición a reaccionar rápidamente con enfado o a contraatacar.

·        7. Sospecha recurrente, sin justificación, respecto a la fidelidad del cónyuge o la pareja.”

En este punto vuelvo sobre mi argumentación. Sin embargo, los médicos tratamos con pacientes que además de los contenidos propiamente paranoicos (interpretación de la realidad como amenazante, que los demás quieren hacerle daño, que hablan mal de él, que conspiran, y de la interpretación en el sentido de la sospecha de indicios, que parecen claramente del campo de la cognición) presentan también deformaciones perceptivas, que no se aceptan como alucinaciones pero que se designaban o designan como ilusiones.

·        Estas características señaladamente cognitivas del trastorno hicieron que la paranoia tuviera siempre un interés teorético y especulativo atractivo para filósofos y psicoanalistas.

·        La manipulación de los indicios la hemos observado a lo largo de la pandemia abundantemente. Se ha dicho, por ejemplo, que la Organización Mundial de la Salud ha admitido la falta de especificidad de la PCR, la prueba de la reacción en cadena de la polimerasa; esta prueba es la única que se ha usado durante los primeros meses para hacer una pesquisa epidemiológica de la enfermedad. Pues bien, esta declaración de la OMS “coincidió” con la separación del poder del presidente USA, Donald Trump. Otra coincidencia y ya son muchas para los buscadores de indicios.

·        A los pacientes que también presentan “ilusiones”, antiguamente se los designaba como esquizo-paranoicos, encuadrándolos entonces en la versión más sistematizada, más organizada del delirio del esquizofrénico.

·        La Psiquiatría, que cada vez más toma su material clínico y nosotáxico del campo experimental de la Farmacología, no dispone de un grupo de fármacos específico para la paranoia. Y suele emplear los psicofármacos antipsicóticos. Para entendernos, los que actúan sobre la interacción dopamina-receptor.

·        Digo que la Farmacología le da cobertura teórica a la Psiquiatría porque según se van detectando los neurotransmisores y receptores correspondientes y los fármacos que sobre ellos actúan, la Psiquiatría termina adecuando sus clasificaciones al campo de la experimentación farmacológica. Los psicofármacos antipsicóticos actúan sobre los receptores de dopamina y secundariamente sobre los de noradrenalina y serotonina.

·        Estos pacientes suelen presentar de forma más o menos continuada ansiedad, tono afectivo pobre o depresión. Entonces se agregan a su tratamiento con antipsicóticos, los ansiolíticos, los antidepresivos y otros.

¿Desde qué concepción teórica se dirigen estas decisiones que tanto afectan a los enfermos?

Pensemos mal, aprovechando que la pandemia ha actualizado a la paranoia.