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viernes, 9 de abril de 2021

LA OBLIGACIÓN DE VIVIR MUCHO

 

PANDEMIA, MIEDO Y PROYECTO SANITARIO

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Si el proyecto de salud global consistía solamente en que el ser humano tuviera una vida prolongada, ha fracasado como queda evidenciado en este tiempo de pandemia. Son los ancianos enfermos las principales víctimas mortales.

·        Ya antes de la pandemia, la medicina y la sociedad orgullosa de su sistema sanitario, se vanagloriaban de que muchas de las enfermedades incurables que llevaban a la muerte, se estaban transformando en enfermedades crónicas. Las consecuencias eran esperables: el consumo de fármacos se hizo colosal, la esperanza de vida se alargó notablemente y la medicalización de la vida de los individuos terminó siendo un hecho incontrovertible e inevitable.

·        Si la gestión de la salud no es ejercida por el propio interesado, el sistema le impone una vida larga a base de fármacos múltiples para paliar el síndrome metabólico, la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, la obesidad, la hipertensión arterial. Estas situaciones son abordables y mejorables con un régimen de vida higiénico saludable.

·        Los tratamientos del cáncer que apuntan a tratar a los pacientes como enfermos crónicos, nos conducen a la inmunodepresión que acompaña a estas personas.

·        Algo parecido ocurre en los casos de SIDA, enfermos tratados de por vida con fármacos que también causan inmunodepresión entre otros efectos indeseables.

·        También la enfermedad mental suele tratarse prolongadamente, a menudo de por vida. Los efectos colaterales de estos tratamientos suelen controlarse. Pero en el caso de los fármacos antipsicóticos, los largos tratamientos que permiten a estos enfermos una vida casi normal, productiva, no los libran de los deterioros orgánicos que a largo plazo provocan.

·        Por otra parte, la existencia de la geriatría misma como especialidad médica, nos muestra que los mayores requieren un tratamiento o varios, sólo por serlo.

·        El tratamiento de las enfermedades autoinmunes graves, crónicas e incurables nos deja un colectivo de enfermos inflamados e inmunodeprimidos.

·        ¿De dónde procede esta actitud, por parte de quienes comandan la sanidad, de intentar conseguir que el paciente viva mucho, cuanto más mejor? Parece una pregunta ingenua. Aquel que convive con enfermos a diario reconoce que es esto lo que reclama la gente y que negarlo es frivolidad o desaprensión.

·        Sin embargo, no es sólo el paciente el que quiere vivir mucho. El sistema opera para que así sea, como si esto fuera indiscutible en todo caso, vivir mucho es una obligación.

·        El paciente tiene que vivir tanto como el consumidor tiene que

consumir.

·        UNA CONSECUENCIA DE TODO ESTO ES QUE CONVIENE QUE LA VIDA SEA LARGA.

·        UNA VIDA PARA CONSUMIR, ENTRE OTRAS COSAS PRODUCTOS FARMACÉUTICOS.

·        PERO VIVIR ASÍ ESTÁ A MENUDO REÑIDO CON HÁBITOS SALUDABLES. ES MÁS IMPORTANTE VIVIR MUCHO QUE VIVIR SALUDABLEMENTE.

·        LA PANDEMIA ES UNA MUESTRA DE QUE LA PHYSIS, LA NATURALEZA, TERMINA CORRIGIENDO LAS COSAS.

·        Mirar a la muerte de reojo no soluciona los problemas. La aceptación de la finitud de la vida es una actitud más sana, más cercana a la realidad. Y abordar la propia salud como un deber personal también nos acerca a ella.

 

 

 

 

 

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