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sábado, 21 de noviembre de 2020

CUIDARSE DURANTE LA PANDEMIA

 

LA FORMACIÓN EN MEDICINA INTEGRATIVA DURANTE LA PANDEMIA


He asistido a multitud de reuniones on line algunas de ellas de formación, que llaman webinarios, durante este tiempo de pandemia. Unas de Medicina Integrativa, la mayoría de ellas patrocinadas por los laboratorios que disputan el sector del mercado: Micoterapia, Microinmunoterapia, Microbiótica intestinal, Dietética y Nutrición, Fitoterapia, Fitoterapia China, Homeopatía y otras ramas. En casi todos el tema prevalente fue la Inmunología.

Se trataba en general de comunicar a un público de profesionales sanitarios todos, información con evidencia científica de trabajos, metaanálisis y comunicaciones traducidos. Debo confesar que en general me aburrí mucho. Y creo que la causa es que no siempre poner la evidencia científica como prioridad casa bien con la noción de Medicina Integrativa. En otra entrada de este blog he visto el tema Medicina Integrativa intentando dilucidar de qué se trata. Me temo que mientras no nos pongamos de acuerdo en el qué es, no podremos interpretar este tema correctamente.

Los laboratorios, la Industria Farmacéutica en suma, consideran la MI como un nicho de mercado y no como la respuesta a la necesidad de un enfoque holístico. Muchos médicos que buscan información y acreditación en estas formaciones, los webinarios, terminan por confundir ambos puntos de vista, imponiéndose una concepción en la que la MI sería “el uso de productos que no son producidos por los laboratorios de la Farmacología corriente”.

Por otra parte, leí un excelente artículo, muy recomendable 


Gustavo Bueno Martínez
                                            Faustino Cordón Bonet

http://filosofia.org/hem/195/th9153gb.htm?fbclid=IwAR24ekUV_TEaqLJSAsT5APNCyP4cd9dutAZ4ADMDxQjl_6c6IUL64c5PLUA#kn2

del gran filósofo asturiano-riojano Gustavo Bueno Martínez (Santo Domingo de la Calzada,1924-2016) en el que realza la figura del sabio español Faustino Cordón Bonet (Madrid,1909-1999). Cordón fue un biólogo y farmacéutico, investigador en Biología, jefe del Laboratorio de Bioquímica del Instituto Ibys pero postergado por el régimen durante el franquismo, el cual lo tuvo preso después de la Guerra Civil Española y le impidió acceder a cátedras universitarias. Aunque el reconocimiento le haya llegado en el exterior donde obtuvo doctorados y premios diversos, Cordón desarrolló casi toda su carrera profesional en España y aportó un conocimiento encomiable especialmente en el campo de la Nutrición y también produjo ideas de importancia para la Antropología Médica. El que Gustavo Bueno se haya ocupado de esta figura en 1955, año del artículo, está relacionado con las interpretaciones que Faustino Cordón hacía sobre las grandes funciones biológicas y su contribución a elaborar teorías en Biología.

En una de sus conclusiones más brillantes, Faustino Cordón entiende que la inmunidad no es exactamente una lucha entre dos ejércitos tal como siempre se nos enseñó. Rehúsa de esos simplismos para entender que la respuesta inmune es una identificación del organismo de los mamíferos con el antígeno supuestamente invasor. La posterior acción del organismo que termina por desembarazarse de la noxa infectante es una consecuencia final pero no lo más destacable de todo el evento biológico.

Es en un momento de incertidumbre como el actual, nunca vivido antes, cuando se echa en falta la hermenéutica que sigue a la investigación. El estudio de la causa final además del estudio de la causa eficiente, según Aristóteles.

Ciertamente, lo que quieren transmitirnos los docentes y ponentes de diversos temas médicos es hechos, relaciones de causa-efecto, correlaciones entre dos hechos, constataciones, no opiniones. Que tengan fuerza de conocimiento y no se refuten con argumentos. Que se tomen en serio, que no se los pueda acusar de filosofar. Eso es buscar la causa eficiente. Nada de ojo clínico ni recurrir a la experiencia. Y a eso se le califica como evidencia científica.

Y ni hablar de hacer interpretaciones. La hermenéutica, prohibida, que eso es de otras ciencias, las Ciencias Sociales. Eso sería la búsqueda de una causa final, un sentido finalista para lo biológico. Aquello de Principio Director o Unificador del que hablan los naturistas, los homeópatas, los higienistas.

Tratan, esos docentes, de no contaminarse con ese campo de la especulación. Y este campo, que no es el de los meros hechos, es fértil cuando a la experimentación misma se le añaden interpretaciones razonables y no dogmáticas. Justamente aquello en lo cual la Medicina Integrativa siempre fue un baluarte.

Los resultados hasta ahora van siendo que todos acatan estas directivas comerciales cuyo objetivo, como siempre es la captación del médico ortodoxo para la causa de la prescripción. En suma, una finalidad comercial.

Por eso la Medicina Integrativa se va convirtiendo en un terreno de prescriptores de productos. Y sus médicos son esos prescriptores que aprendieron durante la formación, que los productos son fiables, que se pueden usar con confianza y que se pueden compatibilizar con el tratamiento ortodoxo.

Lo mejor de todo: Que nadie pueda reprocharles haber abandonado el paradigma imperante. Donde no hay negocio no hay progreso posible.

 

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