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martes, 27 de diciembre de 2016

EL DERRIBO DE LA HOMEOPATÍA EN ESPAÑA

               

EL EFECTO BURBUJA EN LA HOMEOPATÍA



Los hechos se vienen sucediendo en forma rítmica y parece que inexorable. No es una novedad que la homeopatía es vista con recelo y desconfianza en los ámbitos médico y científico desde sus comienzos con Hahnemann.

Recordando aquellos años de la transición


Circunscribiéndome a los acontecimientos de los últimos tiempos en España lo cierto es que hasta los años 80 el ejercicio de la homeopatía era casi una excentricidad. Muy pocos médicos la ejercían; en Madrid sólo recuerdo al doctor Guerrero Paniagua. Tan pocos que en 1978 cuando comencé a trabajar en España había en Madrid una sola farmacia, la de la calle San Mateo que dispensaba medicamentos homeopáticos y eran de su propia elaboración. Disponía de una o dos diluciones de cada remedio. Cuando yo necesitaba algo más elaborado se lo pedía a la farmacia Grau Ala de Barcelona que elaboraba casi cualquier dilución. El público que tenía acceso a los tratamientos homeopáticos era minoritario y los conocían generalmente por referencias de familiares que habían sido usuarios cincuenta años atrás.

En Francia era incipiente su popularidad y los laboratorios franceses no tardaron mucho en instalarse en España, comenzando en 1983 creo recordar que fue

Dolisos y dos años después Boiron. Detrás de ellos, los alemanes. La administración española desconcertada ante las novedades de entonces reaccionó como pudo, pidió consejos a los países vecinos, habló con los profesionales que entonces trabajábamos y tomó medidas más o o menos permisivas, provisionales y poco concretas. Consideró al medicamento homeopático como eso, un medicamento, que se debía dispensar en farmacias aunque no se requería receta médica, que no incluía indicaciones en su presentación y al que no se le exigiría un protocolo clínico de investigación. Casi como un producto nutricional.

Los colegios de médicos toleraron e inexplicablemente no se opusieron al intrusismo de los homeópatas no médicos que comenzaban a aparecer. Las cosas continuaron así mientras se fueron asentando nuevos laboratorios europeos y algunos nacionales. El laboratorio francés hegemónico se hizo presente en varios países de Europa y también de Sudamérica y hasta en Asia. El público respondía, también en España aunque lentamente.


La formación corría por cuenta de asociaciones minoritarias que tenían conexiones con el extranjero, contrataban a profesores de México, Argentina y también de países europeos. Los laboratorios impartían también sus talleres de fin de semana. Inicialmente Boiron me pidió colaborar en la formación; esto duró unos meses porque la llamada "doctrina Boiron" que era su libro blanco para la enseñanza no coincidía con mi enfoque de los temas y terminé apartándome.

En 1986 en Valencia un grupo de médicos y farmacéuticos fundamos la Sociedad Española de Homeopatía con la idea de difundir, enseñar y apoyar. Publicamos la revista Similia e impartimos cursos sobretodo a médicos y farmacéuticos y charlas de información al público.
Dos sociedades de antigua tradición, la Academia Homeopática de Barcelona en primer lugar  y la Sociedad Hahnemanniana Matritense después, fueron reflotadas. La primera formó a  muchos médicos con maestros en la homeopatía más purista.

Los homeópatas especialistas


Un hecho resultó determinante: en los años 90 en ciertas universidades españolas se impartieron cursos de homeopatía. En algunos casos eran talleres de formación breves apoyados por el laboratorio hegemónico para difundir los rudimentos entre los médicos. Posteriormente fueron en forma de máster, verdadera formación de postgrado. Entonces la industria farmacéutica homeopática vio la posibilidad de una penetración decisiva como fue que los médicos especialistas tradicionales pudieran aprender a prescribir los productos homeopáticos dirigidos exclusivamente a su especialidad. Se trataba de un aprendizaje rápido y limitado, enseñando a enfocar determinadas patologías concretas con un listado limitado de remedios. Parecido a un vademecum de los que se emplean en alopatía.

Por supuesto que ello no pretendía formar médicos homeópatas sino simplemente prescriptores. Pero se trataba de reclutar médicos tradicionales que lejos de oponerse a la homeopatía como era usual, comprobaban que podían tener éxitos concretos con algunos enfermos.

Así fue como se extendió en el público y entre los médicos la idea de que había pediatras, ginecólogos, traumatólogos, dermatólogos que además eran homeópatas. Y esto  tuvo consecuencias económicas palpables. Tanto que los laboratorios de especialidades farmacéuticas tradicionales empezaban a notar el golpe. Hasta allí se podía llegar con la burbuja.
Los grupos de escépticos comenzaron su tarea de zapa. Y la presión de la industria farmacéutica tradicional llegó por fin a hacerse notar. Los colegios de médicos que en el nuevo siglo habían consentido la elaboración de registros colegiales de médicos homeópatas en un claro gesto de apertura, tildaron a la homeopatía de pseudociencia y emitieron consignas para convencer a los homeópatas de que debían deponer su actitud, es decir abandonar la práctica de la homeopatía porque antes o después los acusarían de práctica anticientífica.

Los acontecimientos se precipitan


Desde hace pocos meses y antes, mucho antes de que las cosas llegaran a mayores se había producido la respuesta tan buscada. La prescripción de medicamentos homeopáticos por parte de los especialistas tradicionales se redujo notablemente. El paciente que conocía la homeopatía y buscaba homeópatas, ese paciente seguía recurriendo a la consulta del médico homeópata de siempre. Los que comenzaron a abstenerse fueron los médicos prescriptores ocasionales, que resultaron ser multitud y que al inhibirse produjeron un descenso de las ventas notable.
Los argumentos que se emplearon para el ataque fueron más o menos los de siempre: Los resultados clínicos de la homeopatía no resisten la comparación con el placebo y las diluciones homeopáticas no contienen materia detectable. No hablaré de estos temas aquí porque ya están tratados en otras entradas del blog y hay disponible abundante bibliografía a la que acudir.

Solamente se ataca a la homeopatía?


Aun así quiero señalar un hecho que me parece interesante. Las andanadas contra la homeopatía las sufrimos todos, los pacientes, los médicos y los laboratorios. Los laboratorios de homeopatía que fabrican productos unitarios y complejos se sienten afectados, en primer lugar el más grande y poderoso. Y ahora mismo están ocultos en los medios de comunicación.
Bien, pero qué ocurre con los otros laboratorios que también emplean diluciones pero no declaran abiertamente vender medicamentos homeopáticos? Es el caso de los dedicados a la homotoxicología, espagiria, microinmunoterapia, medicina antroposófica, oligoterapia con diluciones, litoterapia, etcétera. Por el momento no parece que hicieran causa común con la homeopatía.

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