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viernes, 22 de noviembre de 2019

LA SIMILITUD QUE NO ES LEY





La similitud no siempre se cumple por eso no conviene llamarla ley.

Esta afirmación que puede impactar nos remite inmediatamente a estudiar las fuertes vinculaciones entre similitud y patogenesia.
Pido permiso al lector para citar algunos párrafos de mis publicaciones anteriores sobre este tema:

“Similitud y patogenesia se desarrollaron juntas, se limitan entre sí y se justifican mutuamente. No pueden existir una sin la otra en Homeopatía. Cuando se expone la similitud surge la pregunta: ¿semejante a qué cosa? Y la respuesta: Semejante a la patogenesia.
¿Y la patogenesia para qué? Para poder establecer la similitud.” (Fundamentos de teoría homeopática, 1995)
Esto significa que la similitud como terapéutica, como tratamiento exitoso, sólo se cumple si hay un tipo sensible al que aplicárselo. No siendo así, no se cumple. Por eso yo he preferido hablar de Principio de similitud, no de ley. La ley es lo que se cumple siempre, principio en cambio es un punto de partida.
Es decir, los dos términos de la similitud son, por una parte, el cuadro clínico que padece el enfermo que acude al homeópata y, por otra parte, ¿por otra parte qué?

¿En el otro término está la “enfermedad” provocada por el medicamento si éste es tóxico? ¿O el cuadro sindrómico que presentan algunos sujetos de la experimentación patogenética?
Esto en su momento fue muy importante para Hahnemann cuando leyó los síntomas atribuidos a la quina y lo llevó a padecer una auto intoxicación cuando se la administró así mismo.

Si leemos una Farmacología de prestigio, Goodman & Gilman,1996, vemos que la quinina es un antitérmico poderoso que no se emplea como tal porque tiene fuerte toxicidad relativa. Y por otra parte es un antipalúdico supresivo de poco uso actualmente salvo para el paludismo por plasmodio falciparum. 
El cinconismo, la intoxicación por cinchona (quina) en su forma leve es un cuadro de acúfenos, cefaleas, náuseas, perturbaciones visuales (y en su forma más grave visión borrosa, diplopía, hemeralopía, midriasis, lesión del nervio óptico, ceguera). Y afirma claramente que cuando dosis pequeñas de quinina, el alcaloide principal de la cinchona, ocasionan manifestaciones tóxicas, siempre se produce en personas hipersensibles al medicamento. Nótese que no dice alergia, dice hipersensibilidad. 
Cuando está presente esta hipersensibilidad a veces basta una sola dosis de quinina para provocar fiebre, síntomas gástricos, hiperemia, erupciones cutáneas, prurito y a veces asma y hemoglobinuria. Podemos entender esta sintomatología en personas hipersensibles como una verdadera patogenesia con el remedio sin diluír.

Lo cual nos lleva a suponer que el mismo Hahnemann era un tipo sensible para cinchona ya que él respondió positivamente en la experimentación.

Vamos ahora a una referencia más actual. En el blog del Dr. Gabriel Hernán Gebauer, de 2001, este médico y filósofo chileno elabora un sesudo estudio epistemológico sobre el tema de la similitud que invito a leer: http://www.homeoint.org/books3/semejantes/03.htm?fbclid=IwAR0jCVqRkYlt9Yk_j364lEe92GZ0IDPAfLOBlqm8QCcROrafyJqtFe6A7-Y

En esta nota refuta a Carrol Dunham, Karl Stauffer, Henry Duprat y a mí mismo. Y me atribuye lo siguiente:
Ricardo Ancarola (dice): "El principio del similar puede formularse así: El similar cura al similar, o sea: Las enfermedades pueden curarse con sustancias que provoquen habitualmente síntomas y signos similares a los que provoca la enfermedad." [Ancarola, Ricardo, (1), p. 43.] Se refiere a mi libro Tratamiento homeopático del enfermo crónico, publicado en Madrid en 1986.
Y me critica que yo no me percate de que el remedio homeopático solamente cura cuando el enfermo es un sujeto sensible como lo muestra el hecho de que los síntomas patogenésicos surgen en los tipos sensibles y no con todos los sujetos de la experimentación.
Lamento que este autor leyera de toda mi obra tan poca cosa.

Esa definición que yo doy es el punto de partida para reflexión sobre la similitud en Medicina que hice entre 1984 y 1995.
Escribí en 1986: “Muchos años después de Hipócrates, que había adelantado la curación con similares, Hahnemann vuelve a plantear el tema de los similares en terapéutica pero sobre la base de la confección de la patogenesia, que constituye una verdadera investigación previa”.

Para corregir este supuesto olvido mío, Gebauer más adelante hace una reformulación de la ley de los semejantes:
"Para toda sustancia, -sea de origen mineral, vegetal o animal, si se trata de una especie natural, como para toda sustancia artificial (o sintética)-, si la sustancia tiene la capacidad de producir una enfermedad característica, cuya única expresión la constituye un conjunto específico o estructura de síntomas (y signos), cuando es ingerida a dosis ponderables o atenuadas, por cualquier ser humano sano sensible; entonces esa sustancia tiene también la capacidad de hacer desaparecer la enfermedad característica que se expresa por un conjunto similarmente específico o estructura de síntomas (y signos), cuando está presente en cualquier ser humano enfermo, ya sea de manera espontánea o provocada, al ser ingerida en forma atenuada".

A modo de respuesta me remito a mi publicación de 1995, seis años anterior a la suya:
“La similitud está más o menos fuertemente ligada a la individualización. Se puede afirmar que cuando la similitud se establece entre el cuadro clínico y el cuadro patogenésico experimental, la individualización es máxima. Por el contrario, la individualización es mínima cuando la similitud se hace entre el cuadro clínico y el toxicológico”.
Y esto se explica con facilidad, la intoxicación abarca a todos los sujetos que contactaron con el tóxico. En cambio, los síntomas patogenéticos sólo los desarrolla el hipersensible, que no es más que el tipo sensible.

En resumen, no hay similitud sin patogenesia y viceversa. “Sin patogenesia la similitud es una mera superchería. Con patogenesia, la similitud puede ser una teoría terapéutica”.

Siempre he tratado de desarrollar este tema con actitud acorde al tiempo en que vivo, por entonces finales del siglo XX y ahora en 2019 y no con estilo decimonónico en aras de la claridad.

domingo, 3 de noviembre de 2019

MÁS SOBRE EL PLACEBO Y LA HOMEOPATÍA


 MÁS SOBRE EL PLACEBO Y LA HOMEOPATÍA



 


Si bien la Farmacología define al placebo en forma de negación, es decir "toda aquella respuesta favorable a una sustancia que no proviene de la acción farmacológica", la Homeopatía no puede sostener lo mismo. Y no puede hacerlo por el propio ser de la Homeopatía, ya que ella misma no produce acción farmacológica.

Siendo que el efecto homeopático no deriva de la acción farmacológica, la Homeopatía debe intentar definirse de otro modo y esto afecta al concepto de placebo.



Desde la perspectiva del farmacólogo, efecto placebo y efecto homeopático pertenecen a la misma categoría, a los fenómenos explicados por el azar. El campo homeopático es, en opinión del farmacólogo sin formación en Homeopatía, una cosa más dentro del campo de los placebos.



Veamos la definición de la Real Academia Española RAE: “Placebo es la sustancia que carece de acción curativa pero produce un efecto terapéutico si el enfermo la toma convencido de que es un medicamento realmente eficaz; tiene el mismo aspecto, gusto y forma que un medicamento verdadero pero está hecho de productos inertes y sin ningún principio activo”.

Y nos da un ejemplo: suele decirse "es un hipocondríaco y el médico le receta placebos en muchas ocasiones."

Creo yo que esta es una definición del conocimiento profano, fuera del campo médico. Digo esto porque supone que el enfermo toma el placebo “convencido” de que todo irá bien. Y esto es hasta cierto punto redundante ya que se supone que el paciente siempre tiene ese convencimiento.

Pero la definición de la RAE considera que hay sugestión en el mecanismo. Y yo agrego: no hace falta ni tal convencimiento, ni tal sugestión. Los pacientes más descreídos del método placebo suelen responder igualmente bien a él.



Placebo y psicoterapia



Según estas definiciones el placebo estaría en el campo de la psicoterapia, considerada ésta groseramente. Todas las formas de psicoterapia tienen en común la puesta en juego de un factor central cual es la transferencia en la relación terapeuta-paciente.



La toma del placebo como actualización de la transferencia en la cura psicoterápica



Freud concibió la transferencia como el modo en el que la mente revive ciertas experiencias relacionadas con vínculos (que han quedado fijadas en nuestro inconsciente en una relación anterior) al interactuar con alguien en el presente. El placebo, que es una sustancia inerte, actualiza en cada toma los vínculos que el paciente hace con su médico desde la primera entrevista. Por ello no puede hablarse de “mera sugestión” en la supresión de un síntoma cuando mencionamos el mecanismo del placebo. La desaparición de un síntoma agudo puede tildarse de sugestión pero el placebo puede influir favoreciendo la evolución de una enfermedad crónica.



La fundamentación de su propia validez, la Homeopatía no la obtiene de la estadística; al menos no por ahora. Este tema lo he tratado en otras entradas del blog y también en mis libros.

El efecto homeopático se sustenta en la respuesta individual y por lo tanto no se afirma en una o varias generalizaciones de series de casos.

De este modo el concepto de placebo en Homeopatía se define por lo positivo y no por lo negativo. Más claramente el efecto homeopático se reconoce por lo que es o sea por sus propias características y no por la ausencia de una acción determinada, la farmacológica, como decíamos arriba.



Aparición del efecto placebo durante un tratamiento homeopático



El homeópata se encuentra en muchas ocasiones en su práctica diaria, con la necesidad de pesquisar el posible efecto placebo en un paciente que fue prescrito con tratamiento homeopático y así poder trazar las diferencias entre lo que es propiamente respuesta homeopática y lo que es la respuesta a un placebo. Ello ocurre generalmente cuando el paciente no había sido bien medicado.



Nos encontramos aquí con una dificultad para hacer la distinción. Tanto la respuesta al medicamento homeopático mal indicado (que puede funcionar a modo de placebo) y la respuesta a un placebo prescrito deliberadamente (lo cual es corriente en la práctica del homeópata unicista), constituyen ambos efectos reaccionales aunque de diferente naturaleza según veremos.



Uso la expresión reaccional para designar una respuesta terapéutica mediada por una reacción del organismo en oposición a la respuesta accional que encontramos en el uso de fármacos. Al ser ambos efectos reaccionales, el que proviene del placebo y el proveniente del remedio homeopático, tienen aspectos comunes y para distinguirlos en la práctica se han definido tácticas concretas por numerosos autores. (para ver mi enfoque se puede acudir a "Tratamiento homeopático del enfermo crónico" Ed. Miraguano. Madrid.1986. pág 70 a 78), también en PDF en este blog.



La puesta en marcha de ambas reacciones, en el caso del placebo y en el caso del medicamento homeopático bien indicado es radicalmente diferente:

en el medicamento homeopático es un estímulo físico, en el placebo es un estímulo que a falta de otra palabra debemos llamar psicológico Es decir el organismo-persona que lo recibe le atribuye una entidad, una propiedad y a partir de esto se ponen en marcha un conjunto de cambios funcionales que se relacionan con lo motivacional. Se trata de las expectativas y afectan al campo psíquico para reflejarse en áreas diversas de lo somático: inmunitario, neurovegetativo, neurológico, humoral, reparación inflamatoria, constantes bioquímicas y celulares de la sangre. En suma todo lo que define la homeostasis.



La sospecha de que la respuesta a su tratamiento pueda deberse a un efecto placebo debe estar presente en cada acto de un médico. Y esto es conveniente no para invalidar un tratamiento sino para posicionarse correctamente en cada caso y entender el médico su papel psicoterapéutico, para manejarlo y darle un destino y una finalidad.

Precisamente por las similitudes del mecanismo fisiológico entre reacción homeopática y reacción al placebo es que se hace necesario un cierto rigor metodológico para establecer que un resultado terapéutico se debe a la primera y no a la segunda.



Se hace necesario este rigor por el compromiso con la verdad que tiene todo médico y en ese sentido es de buen proceder agotar las instancias para averiguar qué hay detrás de cada curación, por respeto al paciente, a los colegas y a la práctica homeopática en general que no debe ser contaminada con dudas.