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viernes, 29 de diciembre de 2017

PARA UNA MEJOR COMPRENSIÓN DE LOS POLICRESTOS HOMEOPÁTICOS


Para entender los "remedios persona"


Muchos de los síntomas, sobretodo los psíquicos y los generales provienen del tipo sensible y de las observaciones terapéuticas y no de las patogenesias. Dicho de otro modo se encuentran en la materia médica clínica y no en la materia médica pura.

En la materia médica clínica la descripción de cada remedio es producto entonces de la labor médica con muchos enfermos a lo largo de mucho tiempo y con numerosos observadores fiables que son generalmente los médicos homeópatas.
Así es como cada remedio tiene gran cantidad de síntomas y características individuales que surgen de una deliberada fusión; por eso es virtualmente imposible observar en la práctica semejante variedad en el paciente que tenemos delante de nosotros. 
Debemos considerar la descripción del remedio como una idealización, a menudo contradictoria. Así por ejemplo, en tanto hay un medicamento sulphur, hay por otra parte muchos enfermos diferentes que pueden tratarse con sulphur.

 El simple enunciado de un síntoma no es suficientemente aclaratorio del significado de ese síntoma en un enfermo concreto. Pueden darse muchos ejemplos de diferentes formas de: actitud seductora, celos, irritabilidad, autoritarismo, aislamiento, timidez, etcétera, que representan cada uno de ellos una realidad completamente distinta  según de qué persona se trate. De allí surge la necesidad de la modalización.
También hay que tener en cuenta que los celos o la falta de confianza en sí mismo no son iguales en cada remedio, en pulsatilla, en silicea o en lycopodium, en cada uno de ellos el síntoma es una parte de un todo diferente y se expresa de una forma distinta que es necesario detectar.
Teniendo en cuenta que la descripción de un medicamento es una fusión y además una generalización, se impone establecer aquellos elementos mínimos e indispensables que definen el núcleo esencial de estos remedios policrestos con relieves tan peculiares y característicos.
En este artículo me propongo discurrir acerca de ese propósito con algunos de estos remedios.

Por otra parte está la realidad del enfermo que se encuentra frente a nosotros. Esto requiere otro enfoque porque este ser humano es único, no es resultado de fusiones o de idealizaciones, tiene sus propias características como persona, como enfermo, como individualidad.

Si nosotros partimos de la base doctrinaria (digo doctrinaria porque así fue expresada por los clásicos que hicieron doctrina) de que la Naturaleza genera sustancias en esencia semejantes  a individuos sanos y enfermos y esas sustancias curan al individuo correspondiente, entonces la tarea del médico homeópata sería más o menos difícil pero relativamente simple: se trataría de dar con el remedio adecuado y la labor estaría cumplida.
Pero la realidad de la práctica diaria y la necesidad de justificar debidamente todo lo que se afirma nos obligan a discutir esto un poco más.

Aceptar lo anterior supone que habría una esencia en el remedio por un lado y una esencia en el individuo que queremos tratar y curar, por otro; una correspondencia entre ambas esencias aseguraría supuestamente el éxito terapéutico. Esta correspondencia de las esencias es defendida por autores tan diversos como los seguidores del Kent más radical y también por complejistas  que siguen a Paracelso.

En varias publicaciones he expresado mi negativa a aceptar el supuesto de las esencias en una disciplina científica; pienso que los esencialismos son invenciones creadas para demostrar lo que más conviene al que argumenta. Demás está decir que ello está en oposición al pensamiento científico más riguroso y ningún experimentador neutral aceptaría tomar la esencia como premisa válida.
Las esencias son premisas de los campos de la religión y la filosofía pero no de la medicina moderna, aunque sabemos que lo fueron en el pasado.
Sin embargo sí hay que aceptar que en el perfil del remedio (pero no en el del individuo) hay rasgos esenciales ya que el remedio proviene como decía antes de una fusión-generalización, una idealización de las observaciones hechas en muchos individuos.
Pero la presencia de esencias en las personas  es un supuesto no aceptable para una medicina con propósito científico.

En la Antigüedad  los presocráticos se separaron en esencialistas o idealistas como Parménides y Pitágoras y por otro lado los no- esencialistas que como Heráclito pensaron que "lo único permanente es el cambio", negando así la sustancia esencial. La tendencia a pensar que hay una esencia en el hombre proviene seguramente de la afirmación de la individualidad yoica, como incambiable y en última instancia no mortal. Pero aceptar el esencialismo le quita la posibilidad de cambio a un ego que visto así es siempre idéntico a sí mismo.

En general las filosofías idealistas, que se expresan en la biología como vitalistas defienden una concepción que da por supuestas  las esencias; la homeopatía clásica se enmarca entre ellas. Pero esto proviene no sólo de los orígenes de la homeopatía, sus precedentes en la alquimia y el pensamiento iniciático sino del hecho de que esta forma de pensar fue muy extendida y hasta mayoritaria hasta el siglo XIX en toda la humanidad.
Desde entonces las ciencias en general no toman partido en esta discusión pero operan como si no hubiera esencia alguna.

Aun así lo que nos interesa no es tanto si la esencia tiene entidad o no sino qué es lo que determina una concepción u otra. Es decir si existen o no las determinaciones, las fuerzas que llevan a cada individuo a seguir un recorrido más allá de sus decisiones.

En el siglo XX se ha avanzado en este asunto. El pensamiento fue derivando hacia la aceptación de que la libertad del hombre se encuentra restringida, él no hace exactamente lo que quiere aunque su percepción lo lleve a creer en esa dirección. Esos condicionantes son verdaderas determinaciones que pueden tomar la forma de inconscientes, en la lectura psicoanalítica; estructuras supraindividuales en la visión estructuralista. Coincide con la posición de la biología que valora con fuerza creciente al factor genético. 

Curiosamente las antiguas cosmovisiones orientales habían hablado del karma, señalando así a la carga que cada individuo portaba desde sus antepasados, llevándolo al plano moral; se trataba de otro condicionante, quizá el verdaderamente insuperable.

NUCLEO PSICODINAMICO DE LOS POLICRESTOS

Si los policrestos tratan de aprenderse como imágenes estáticas, como contemplando una fotografía tendremos en nuestra memoria un concepto más o menos claro o difuso de un personaje lleno de contradicciones que nos obliga a un trabajo de memorización arduo que no siempre se acompaña del éxito final con el paciente.

Algunos autores han planteado las cosas de modo que tengamos en cuenta que la forma de ser de los policrestos constituye a la vez una individualidad y una enfermedad. Así, habría la enfermedad sulphur, la enfermedad lycopodium, pulsatilla, etc.
Pero esto no es así, no hay una entidad nosológica sulphur, lycopodium, pulsatilla. 
Si consideramos la estructura de carácter de los individuos como formas de resolver el reto vital entonces las cosas quedan más claras.

Pero a qué reto nos estamos refiriendo? El hecho de vivir genera en sí mismo un conflicto derivado de la relación con el mundo exterior, los demás individuos, las cosas, la naturaleza; el proceso de individuación  mismo (hacerse individuo, diferenciarse) enfrenta al humano con el problema de la separación del resto.

Este conflicto se aborda de muchas maneras pero cada individuo irá haciendo suya una manera, la propia. De lo cual se deriva la caracterología de cada quién. Esto queda reflejado en los policrestos que son, más que los otros remedios, verdaderas formas reaccionales en lo psíquico y en lo físico.
Entonces podemos decir que sentirse abandonado y ser demandante de amor es el modo pulsatilla de encarar el problema vital. Ese modo no es perfecto, nunca lo es y por eso no evita el sufrimiento, la tristeza, la pena. Este conjunto de sentimientos, deseos, conductas, es la adaptación que cada uno hace ante el hecho mismo de vivir, ser individuo, tener autonomía vital.

Como acabamos de ver, esta forma de cada uno nunca es perfecta, tiene como consecuencia el padecimiento del sujeto y también de los que lo rodean. Pero aún así se llega a un cierto equilibrio y se consigue una cierta eficacia. Cuando no es así es el cuerpo el que, como segundo paso se expresa con síntomas, al principio funcionales y posteriormente lesionales, lo que muestra que se comprometen los mecanismos más íntimos de regulación: homeostasis, inmunidad, metabolismo, equilibrio hormonal, alteraciones celulares y más adelante se rompen los mecanismos más sofisticados: autoagresión, cambios en la coagulabilidad de la sangre, activación de oncogenes, alteración de la  expresión y la actividad de los neurotransmisores, desequilibrio multifuncional, la locura, y muchos otros procesos.

Entonces podemos comprobar que al cabo de este trayecto nuestro remedio-persona presenta los síntomas más alarmantes y catastróficos, desintegradores de la personalidad y del soma.
Esta es en síntesis la evolución simulada de la aventura vital de un policresto-persona.

Cuando leemos en la materia médica clínica y en el repertorio el conjunto de síntomas en cada remedio, la cantidad y variedad es apabullante y puede despistarnos y hasta confundirnos; esto es muy evidente en el área de los síntomas psíquicos.

Por eso se impone distinguir lo más claramente que podamos en ese conjunto:

a) los elementos del núcleo dinámico que forman la verdadera identidad del remedio.
b) los  síntomas acompañantes pero de gran valor identificativo. No son el núcleo pero provienen de él y se expresan en tanto el individuo se relaciona con la realidad, con los otros, con la aceptación o el rechazo,  con la frustración, etc.
c) los síntomas evolutivos del deterioro vital, de menos valor individualizador ya que casi todos los remedios conducen a unos síntomas que pueden ser comunes. 


lunes, 18 de diciembre de 2017

EL ENCAJE DE LA ACUPUNTURA EN LA PRÁCTICA MÉDICA

EL ENCAJE DE LA ACUPUNTURA EN LA PRÁCTICA MÉDICA





1.- A propósito de un artículo publicado en Madrid Médico/junio/nº 109 titulado “Sobre el tratamiento de la neuralgia del trigémino con acupuntura y moxibustión” y firmado por el Dr. JPG, quiero hacer algunos comentarios que pudieran aclarar la cuestión y completarán la información al lector.

El artículo centra sus críticas en otro publicado en la misma revista y firmado por los doctores VMG y LS, y resumía un ensayo clínico que mostraba la utilidad de la acupuntura en una serie de casos de neuralgia de V par y comentaba los resultados de otros autores.

2.- No es mi intención entrar en la controversia acerca de las publicaciones y los ensayos más serios y fiables disponibles, ni el rigor de las comunicaciones.

Estos temas que atañen a la metodología científica suelen ser de alta complejidad y farragosos para el lector de temas médicos generales.

Más allá del dictamen concreto que pudiera emitirse acerca de la eficacia de la acupuntura en esta u otra patología concreta, interesa analizar en general si esta técnica terapéutica tiene razón de ser en el ámbito médico moderno y si tiene encaje en la enseñanza de postgrado.


3.- Es sabido que la acupuntura sita en el contexto de la vasta medicina tradicional china emana de una práctica empírica seguramente milenaria y sedimentada y apoyada por un cuerpo de doctrina no técnico y no científico que incluyen entre otros los conceptos de energía, los canales, la dialéctica inn-yang, la ley de 5 elementos, etc, que están emparentados con el taoísmo y con el budismo chinos. Todo este conocimiento forma parte del patrimonio cultural de la humanidad y en nuestros días no sirve para justificar la acción terapéutica de la acupuntura, pero tiene interés histórico y antropológico, representa un claro exponente de una cultura, de una forma de pensar la enfermedad y sobretodo la salud de forma sintética y que evolucionó, no lo olvidemos desde por lo menos 1000 años antes de nuestra era hasta el siglo XIX.


4.- Con este recuerdo del marco histórico cultural en el que emergió y evolucionó la acupuntura no pretendo en modo alguno reforzar su validación. No obstante conviene no olvidarse,  cuando se habla de conocimiento, de tener en cuenta las circunstancias de su producción. La medicina basada en la evidencia, a la que parece hacer referencia el Dr. PG cuando alude a la Ciencia Médica a menudo es esgrimida como si el hecho experimental, principal fuente de conocimiento fiable, no tuviese también circunstancias históricas, sociales, culturales en suma que lo influyen, condicionan y hasta modifican.

Ya sé que esto parece que fuera irrelevante para determinar la verdadera fiabilidad científica de un procedimiento y que lo importante es el hecho aislado sin artificios y sin sesgos. Pero hay que recordar que este aislamiento del hecho nunca se produce. La intención a priori del científico siempre conduce el experimento e influye en la línea del desarrollo experimental. Esto ocurre aunque no se lo proponga el investigador. Y no digamos los condicionantes sociales y económicos así como el paradigma intelectual imperante en cada momento histórico.

Por esto en la práctica médica puede optarse por líneas más flexibles a la hora de conceder validaciones, enmarcado dentro de la actitud llamada pragmatismo clínico
frente a las posiciones ya clásicas del positivismo duro.

Como ya sabemos, la grandeza del conocimiento científico radica en la posibilidad de ser refutado y no en su supuesta infalibilidad.

Ello produce la aparente paradoja de que lo se afirma por verificación válida hoy, se niega dentro de 10 años. Los anti hipertensivos que se usaban en los años 60 fueron todos reemplazados. Pero no solamente porque los actuales son más útiles sino que se ha demostrado que casi todos eran simples placebos. Hay muchos otros ejemplos.

5.- Frente a esto y volviendo a nuestro tema, la acupuntura expresada como Acupuntura Contemporánea despojada de los aspectos doctrinales y de sus conexiones con otras terapias tradicionales reivindica un lugar dentro de la terapéutica en el momento actual.

Para ello no se necesita argumentar su gran aceptación en las sociedades occidentales ni siquiera su ya clásica recomendación por la Organización Mundial de la Salud, ni tampoco su incorporación a la enseñanza universitaria en centros encumbrados y poco sospechosos. No es necesario todo esto a pesar de ser importante. La ruta debe ser demostrar sus logros con su propia metodología que no puede ser la misma que se lleva a cabo con un fármaco, por buscar un ejemplo comparativo.


6.- Bases para una metodología propia.

Según las comunicaciones de médicos occidentales que practicaron la acupuntura desde mediados del siglo XIX hasta ahora, según la experiencia de los que la utilizamos a diario y también por los datos antiguos de los acupuntores antiguos chinos, japoneses, vietnamitas, etc., el elemento fundamental en torno al cual gira el tratamiento no son ni la energía, ni los canales, ni las interpretaciones más o menos extrañas sino el punto de
acupuntura, verdadero protagonista de esta práctica.

El punto es detectable como una caída de la resistencia eléctrica de la piel en un área pequeña de 1 a 2 mm en torno a la descripción anatómica que nos orienta para detectarlo.

Cada punto tiene no una sino varias, en algunos casos muchas indicaciones terapéuticas. Asimismo cada síndrome, cada síntoma, cada situación con la que se enfrenta el médico debe abordarse con la puntura de varios puntos. La complejidad aumenta si notamos que cada caso puede hacerse desde varios enfoques diagnósticos y terapéuticos.

De todo esto se desprende que sería equivocado pensar que estimulando un punto se produce una acción de manera unidireccional.

Tampoco puede considerarse que la estimulación de un punto produzca una acción principal o terapéutica y otras acciones colaterales no deseadas como ocurre con los fármacos.

Consecuentemente se hace difícil estudiar las acciones de un punto aisladamente tanto sobre el individuo sano como sobre el que padece una dolencia.

Tampoco sería válido afirmar que en acupuntura hubiera un tratamiento único para cada síndrome o enfermedad, como la neuralgia del V par.

Estos aportes deben tenerse en cuenta para construir un método de investigación y de producción de conocimiento fiable en acupuntura, para definir un posible placebo al que oponer una terapéutica dada, etc.

Finalmente, la acupuntura considerada desde las explicaciones tradicionales o desde el conocimiento actual debe considerarse como una terapéutica reaccional, en cierto sentido una reflexoterapia.

Las respuestas al tratamiento difícilmente sean parciales y localizadas. Así podríamos decir que la estimulación de un punto o de un conjunto de puntos ha funcionado como anti tusígeno y lo podíamos comparar con fármacos anti tusígenos, con placebos o con punturas fuera de puntos de acupuntura.

Pero la respuesta global del tratamiento de acupuntura no es mensurable en su totalidad. Casi siempre sólo podemos medir la desaparición de síntomas, la mejoría del estado general, objetivar la reducción de la inflamación, etc.


7.- Inclusión de la Acupuntura en la Formación Médica Continuada.

Finalmente el artículo que comentamos parece aconsejar que la enseñanza de la acupuntura sea excluida de la Formación Médica Continuada porque ”los fundamentos científicos son harto dudosos”, la etiología y la fisiopatología tradicional chinas no pueden equipararse al conocimiento de la medicina occidental y que una de las dos debe necesariamente estar equivocada.

Pues bien, el docente de acupuntura contemporánea se apoya inicialmente en esos conceptos tradicionales, más o menos oscuros pero no ignora que se trata de un conocimiento indemostrable desde el punto de vista de la evidencia metodológica científica. Su actitud es la de exponerla pero no asumirla inequívocamente.
¿Y por qué entonces la desarrolla hasta sus menores detalles? ¿por qué les da tanta importancia a unas descripciones que nada recuerdan al conocimiento que se tiene por válido en los cursos de Medicina de las universidades?.

Como se desprende del apartado anterior los tratamientos con acupuntura se han mostrado beneficiosos algunas veces en forma sintomática otras en forma paliativa, y en muchos casos como seguimiento de afecciones crónicas y también como intervención en las agudas, consiguiendo que los enfermos reduzcan el consumo de fármacos. La terapéutica con acupuntura no puede decirse que sea etiológica o por lo menos nadie puede sostenerlo hoy día. Eso significaría aceptar la existencia de la energía, cuya alteración provocaría la enfermedad y cuya corrección supondría la curación. Conviene recordar aquí que en la Farmacología no abundan los tratamientos propiamente etiológicos. No siendo los antibióticos y similares, algunos quimioterápicos, se hace difícil encontrar drogas que vayan a la causa “última” de la enfermedad. Y ello sin entrar a discutir acerca de la existencia de una causa última en una enfermedad cualquiera. Casi todas son multifactoriales.

La enseñanza de la acupuntura necesita apoyarse en una estructura conceptual y la única que existe ahora mismo es la tradicional y sobre ella se apoyan los datos que se imparten y que se aprenden. Cuando menos esa estructura sirve a modo de regla de mnemotecnia. En todo caso ese conjunto de ideas más o menos estrafalarias y que algunos médicos tanto rechazan, será reemplazado en su momento por otras que respondan a un discurso científico actual y que dé cuenta de estos hechos de modo aceptable y cuando menos tranquilizador para jueces escrupulosos. También los conceptos y el vocabulario científico van cambiando y las explicaciones se van refutando, desde Galeno hasta nuestros días.

En todo caso el trabajo del médico acupuntor se basa en un diagnóstico a la occidental; pero la táctica terapéutica a seguir conviene que emane de ese diagnóstico y también del diagnóstico tradicional chino, que dicho sea de paso es complejo, engorroso y difícil. Es mejor no prescindir de él para que la terapéutica sea completa y tenga en cuenta no solamente la patología del enfermo sino también otros aspectos colaterales, constitucionales, emocionales, estacionales, ambientales, etc.


8.- Entiendo que la práctica de la medicina está basada en las grandes ciencias médicas fundamentales; son imprescindibles esos conocimientos pero también son necesarios otros empíricos, útiles aunque no completamente explicados. Esto es innegable aunque a veces se pretenda ocultar que se utilizan con éxito. Posteriormente, con el tiempo suelen aclararse y justificarse.






  • Ricardo Ancarola Cersosimo
  • Colegiado nº 282823697
  • Registro médicos acupuntores Nº 0242003
  • Médico farmacólogo
  • E-mail ricardoancarola@gmail.com


  • Carta dirigida a Madrid Médico, revista del Colegio de Médicos de Madrid. El año 2009.



miércoles, 29 de noviembre de 2017

FUNDAMENTOS DE TEORÍA HOMEOPÁTICA

Fundamentos de teoría homeopática. Ricardo Ancarola.

Miraguano Ediciones. Madrid 1995

En el ejercicio de la Homeopatía contrastan los éxitos terapéuticos, inesperados algunas veces, con los interrogantes que se abren a la hora de explicarlos científicamente.
La teoría se debate entre el discurso doctrinario que reproduce a los libros clásicos y la praxis empírica que no da respuestas a las preguntas que le surgen a un médico inquieto y culto.
Este libro propone la búsqueda de un marco teórico que no se contradiga con el conocimiento científico y que al mismo tiempo reconozca un espacio para la especulación homeopática.
Se trata de una toma de posición de su autor y está en la línea de dos de sus libros anteriores "Medicina homeopática, crítica y experiencias clínicas" y " Tratamiento homeopático del enfermo crónico".
Es su libro más comprometido y conceptual.

El prólogo pertenece al Dr Arturo Brugger, catedrático de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia.

domingo, 15 de octubre de 2017

LA ENFERMEDAD PSÍQUICA. CLÍNICA Y TERAPÉUTICA HOMEOPÁTICA PDF

DESCARGAR PDF DEL LIBRO LA ENFERMEDAD PSÍQUICA. CLÍNICA Y TERAPÉUTICA HOMEOPÁTICA

                      

Ricardo Ancarola. Mª José Martínez Caballero. Miraguano Ediciones. Madrid. 1992.

La Homeopatía se confirma como una terapia complementaria eficaz y un enfoque médico interesante por totalizador y sintético.
Desde sus orígenes fue la medicina psicosomática por excelencia porque a la condición del individuo, el tratamiento homeopático le ofrece una cobertura dual pero desde la unidad.

Este libro se propone definir los alcances y las posibilidades de la Homeopatía en el enfermo psíquico propiamente dicho, aquel que siempre ha sido objeto de la psiquiatría.
Describe los aspectos psíquicos de los medicamentos homeopáticos más importantes discriminando la validez de cada síntoma.

Expone claramente un método de objetivación del síntoma psíquico que es lo que en la práctica siempre se ha mostrado  más problemático para el médico.
Aporta también algunos conocimientos básicos de  Psicopatología de interés para el médico homeópata, en su capítulo 2 escrito por la Dra María José Martínez Caballero.
Finalmente establece un análisis de la enfermedad psíquica clasificada tal como se presenta en la consulta privada del homeópata y que él reconocerá rápidamente en estas páginas.
Se dan pautas de seguimiento de los casos clínicos y se comenta la conveniencia de la selección de cada remedio.

La Homeopatía aplicada con sistemática y rigor configura una mirada de primer orden para el enfermo psíquico y puede considerarse una alternativa en muchos casos a la Psicofarmacología por su inocuidad y falta de dependencia.

viernes, 15 de septiembre de 2017

LA MEDICINA COMO ÉPICA Y COMO LIBERTAD

Hércules y el cancerbero. Zurbarán
      LA MEDICINA COMO ÉPICA Y COMO LIBERTAD


  • Los que desde muy temprano en nuestras vidas nos propusimos el ejercicio de la medicina como una épica contábamos con un factor cuya presencia nunca habríamos puesto en duda. Se trata de la libertad.



  • El ejercicio de la medicina tiene muchas vertientes y no me refiero a las especialidades en este caso. No es deseable la existencia de la medicina en el ámbito de lo público aunque ese sea el escenario actual. Y cuando digo "no es deseable" me refiero a que más allá del hecho de que las sociedades actuales se decantan por una medicina pública universal, más allá de ese hecho constatado, la medicina como conocimiento, como praxis, como espacio de comunicación con el hombre que sufre, la medicina es un plan de vida para el médico. Es una decisión que tomamos en un momento de nuestras vidas, una vocación, un horizonte. Una decisión en libertad.
  • Una decisión que nos permita dedicar al enfermo todo el tiempo que nosotros deseamos en función de lo que el enfermo necesita. Enfocar la relación cuerpo-psique con honestidad intelectual más allá del paradigma imperante. Proponer el tratamiento sin prejuicios, con la mente abierta.
  • Y algunos de nosotros decidimos en su día no ser funcionarios.
  • La libertad del médico se defiende desde lo privado. Las actuales son las lamentables consecuencias de una medicina intervenida. El modelo de sociedad libre y de mercado no casa con un modelo sanitario único e impuesto por obligación. Con una práctica protocolaria, sin aportes personales y sin otros puntos de vista más allá del oficialmente establecido. Con un médico que pueda ser reemplazado por un programa de ordenador. 
  • Una confesión: si yo hubiera sabido que el ejercicio de la medicina iba a conducir a la situación actual no habría estudiado medicina seguramente.

martes, 22 de agosto de 2017

DR FRANCISCO X EIZAYAGA. SU IDEARIO





TRATADO DE MEDICINA HOMEOPÁTICA
Francisco Xavier Eizayaga.
Ed. Marecel, Buenos Aires, 1.981.
380 páginas.

Producto de muchos años de observación, lectura y
trabajo, este tratado se ofrece como una visión muy amplia,
exhaustiva del pensamiento y de la práctica unicista en
homeopatía.

Quien ha leído otras obras y escritos del autor sabe que no
debe esperarse de él posiciones extremas tan habituales en la
línea kentista.

Se trata en cambio de un conocedor del método científico,
de un médico sólido y sobrio. Posiblemente en ningún otro
libro encontrará el lector un análisis tan claro y preciso de la
historia de la Homeopatía y sin embargo tan sintético y

poco agobiante. Esto vale también para la descripción
brillante de las escuelas homeopáticas.

Con un lenguaje cristalino, sin dejar dudas, desmenuza uno
a uno los elementos de la doctrina: no nos olvidemos que
es un unicista, moderno, eso sí. Con estilo exhaustivo
presenta los inevitables aspectos axiomáticos, pero sin
referencias a explicaciones espiritualistas como los
famosos maestros kentistas. Deja en claro su filiación
católica, aristotélica y tomista.

Hay una detallada puesta al día de la experimentación más
importante publicada sobre dosis infinitesimales, in vivo e in
vitro, hasta la fecha de la edición.

Pero la parte más interesante y medular de la obra es sin
duda, la referida a la semiología y la metodología
homeopáticas.

En esta última se analizan las distintas conductas posibles
en la prescripción y se inclina por la repetición de dosis
incluso en las diluciones muy altas.


RESUMEN DE SU IDEARIO


Haré un breve resumen de la enseñanza del destacado profesor de Homeopatía Dr Fco X Eizayaga fallecido en 2001.

que está contenida en su Tratado de Medicina Homeopática. Esta obra es relevante y ha tenido una gran influencia en la Homeopatía unicista desde su publicación en 1981 en Buenos Aires.

El extracto de lo que entiendo por su posición se transcribe en negrita; en algunos párrafos hay apuntes entre paréntesis y letra normal que son opiniones mías.

Identificación: Unicista no dogmática. Vitalista. Pensamiento tomista.

Veremos 3 aspectos:

  1. Su posición teórica de cara a la Homeopatía.
  2. Su práctica, en lo referente a la clínica y a la enseñanza.
  3. Su ideología.


  1. Teoría, opiniones racionalistas:
Hay enfermedades identificables en la clínica y en la etiopatogenia y por lo demás hay enfermos singulares y ello se manifiesta en la terapéutica homeopática.

Las diluciones: cada dilución opera en un campo vibracional por cuanto una dilución no contiene funcionalmente a otra. (refutación del “reclutamiento de síntomas” de Jacques Jouanny, autor pluralista francés; según esto cada potencia contiene las virtualidades terapéuticas de las potencias anteriores más bajas)

Las dosis o tomas: acepta el método plus y las dosis incambiadas pero no las dosis únicas. No hay que temer a la probable producción de patogenesias por repetir las tomas.

Se debe agotar el plano dinámico antes de cambiar la potencia durante un tratamiento.

La supresión por medicamentos dinamizados no existe. (coincidencia con Ernesto Puiggrós)

Comparte las Leyes de Hering.

Es contrario al dogmatismo de Kent.

La enfermedad es aguda o crónica dependiendo de la cualidad de la noxa. (me parece dudoso)

Los miasmas: no les otorga valor preponderante aunque los reconoce. (nexos con el pluralismo)

La enfermedad fuerte “se impone a la débil”. Los enfermos crónicos padecerían menos agudizaciones y no tendrían otras afecciones crónicas. (opuesto a Puiggrós)

Es posible la curación de la enfermedad moral o psicopatía. (contrario a la psicodinámica actual)

2. La clínica

Interrogatorio. Dejar que el paciente exponga lo que tiene preparado no favorece la espontaneidad e impide la objetivación.

Tiene su propia versión del Repertorio de Kent.



3. Su ideología:

Noción cristiana, dios antropomórfico: opuesto a la teosofía, al orientalismo, a Swedenborg, etc. Son todos conceptos “a priori”.

Noción tomista de espíritu o alma y cuerpo. Antecedentes en Aristóteles (hilemorfismo). (no asume las filosofías del siglo XX, ni la orientación psicosomática de las grandes escuelas de la psicología)

El cuerpo tiene acción, el alma tiene potencias o cualidades. El intelecto y la voluntad son cualidades superiores, no pueden enfermar; la sensibilidad y las emociones son cualidades más cercanas al cuerpo, son más “carnales” y pueden enfermar. (se trata de entidades ideales y desde la acción del médico conduce a error).

La fuerza o energía vital sería una cualidad del alma. (la idea de alma en biología contradice a las leyes de la termodinámica y conduce al creacionismo)

En julio de 2019 recibí una nota del Dr José Eyzayaga que transcribo a continuación:
"Hola Ricardo, gracias por la reseña. Creo que es muy destacable de mi padre que, filosóficamente hablando, fue un realista. Es decir, siempre le importó la realidad tal cual es por encima de las explicaciones, sin atenerse a dogmas inamovibles. Eso lo llevó a cambiar su manera de pensar la homeopatía varias veces, lo que se puede seguir a lo largo de sus escritos. Al morir, cosas escritas en el Tratado ya no las creía. El homeópata que más influencia tuvo sobre él fue Denise Demarque, de quien fue gran amigo. En sus comienzos fue Eugenio Anselmi, el menos conocido de los fundadores de la AMHA. Siempre mantuvo el nexo entre la clínica y la homeopatía. Efectivamente fue muy crítico de las ideas kentianas, del reduccionismo psicoanalítico al "conflicto" de Paschero, prefería la dosis repetida a la única por considerarla más efectiva. Luchó por cosas que hoy son obvias para la mayoría: que lo que hay que curar es la enfermedad clínica y sus síntomas, que el diagnóstico clínico convencional es el paso primordial del acto médico, que la enfermedad aguda no es ninguna exoneración y debe ser tratada con medicamentos agudos, que el unicismo consiste sólo en dar un medicamento que cubra la totalidad actual y es absurda la pretensión de un medicamento para toda la vida, que los gérmenes y el contagio son una realidad. En sus últimos años reconocía la utilidad de las vacunas y complementariedad entre tratamientos homeopáticos y convencional".

jueves, 15 de junio de 2017

LA HOMEOPATÍA DE LOS ESPECIALISTAS

      LA HOMEOPATÍA COMO SEGUNDA ESPECIALIDAD 


Cuando el trabajo de los médicos comenzó a fragmentarse en especialidades, desde ese mismo momento se echó en falta el regreso del médico generalista que parecía batirse en retirada. Esto lo comparten casi todos los usuarios de la salud y es tan evidente que no requiere más explicación.

Desde entonces hasta ahora el conocimiento médico se expandió en forma colosal. Y la vida de un médico no alcanza, claro que no, para abordar en profundidad una sola especialidad. A modo de ejemplo, se conocen hoy más de 100 formas de epilepsia. Es eso mucho para un neurólogo; hay entonces sub especialistas en epilepsia aunque me temo que ya aparecerá el que se ultra especialice en una sola de esas formas clínicas. Por eso existen especialistas que se aplican a lo general de su especialidad y otros que prefieren una o más partes.

Lo digo con respeto, todo el que me merece el conocimiento médico y sin ironía alguna. Confieso que siempre está la tentación del sarcasmo. Cuando el objeto de conocimiento se va haciendo más pequeño y la lente de observación agranda más la imagen de lo pequeño se pierden los elementos del paisaje y muchas veces se distorsiona lo observado. Hace años un ingenioso nefrólogo comentaba: "No debemos mirar al hombre por el agujerito del uréter". Pero nadie pretende, yo tampoco detener el avance del conocimiento médico.

Desde luego que hay especialidades con vocación generalista como son los casos del internista, pediatra, cirujano general, endocrinólogo y algunas más.
La Homeopatía, enfoque globalizador donde los haya, nunca adoleció de esa dispersión. Es más, muchos de los grandes médicos homeópatas de las últimas décadas, antes de abordar el conocimiento homeopático habían sido especialistas de la medicina convencional y su entrada en la práctica homeopática era también un regreso a la medicina generalista.

En los últimos veinte años en España ocurrió que la formación en Homeopatía que se impartía puso la mirada también en los médicos especialistas tradicionales. El objetivo estaba claro, se trataba de dotar a los especialistas para disponer de un arma más, la prescripción del tratamiento homeopático, además de sus tradicionales tratamientos farmacológicos. El efecto buscado en el público parecía irrefutable. "¿Alguien mejor que el traumatólogo para darme un tratamiento homeopático si mi padecimiento es articular?"  Y se oía decir: "Mi ginecólogo también es homeópata y hace tratamientos homeopáticos de la infertilidad". Y "mi dermatólogo". Razonando así parecía que los especialistas eran los "homeópatas" más solicitados por cierto público, aquel público menos informado, el que ignora completamente la razón de ser de la Homeopatía. Así el mercado se expandía. El efecto burbuja llegaba también aquí con su supuesta prosperidad y también con sus consecuencias menos deseables. 

En otra  entrada del blog "EL DERRIBO DE LA HOMEOPATÍA EN ESPAÑA" argumento cómo este efecto consumista influyó negativamente en la situación actual en la que los medios de comunicación arremeten contra los médicos homeópatas sin contemplaciones, mezclando medias verdades con falsedades flagrantes y los colegios de médicos cierran las secciones colegiales de Homeopatía sumándose a las reivindicaciones de los colectivos escépticos.

Todo estudioso de la Homeopatía me dirá seguramente que eso que se enseñaba era incompatible con la doctrina homeopática incluso en su versión más flexible. Les respondo que en el ámbito de enseñanza referido la doctrina se omite deliberadamente y esta omisión se excusa como una gran ventaja aunque no lo es.
La formación impartida era brevísima, superficial, aunque en el ámbito universitario y auspiciado por una multinacional farmacéutica homeopática. Luego, ante el paciente el especialista homeópata en realidad consultaba un vademécum que le ofrecía unos cuantos remedios por síntoma y él elegía o peor aún, los mezclaba en un complejo. Todo muy parecido a las actuaciones según protocolo, imprescindibles en el ejercicio actual de la Medicina. La experiencia de haber visto situaciones parecidas me hace pensar que esos especialistas devenidos homeópatas en formaciones de pocas semanas serán los primeros en desertar.

viernes, 10 de marzo de 2017

EL LENGUAJE MÉDICO Y SU RELACIÓN CON LA HOMEOPATÍA

                             

                            MEDICINA Y LENGUAJE 



  • De este tema que me apasiona sólo puedo introducir la introducción, si se me permite el pleonasmo. Y con un poco de ironía quiero hablar de este tema; que nadie se tome muy en serio lo que voy a escribir. En todo caso trataré de mostrar mi preocupación por los efectos colaterales a menudo no del todo deseables,

    Pedro Laín Entralgo


    de un vocabulario médico difícil para el profano y que nació de la necesidad de hacer una profesión de la práctica médica en sus orígenes. 
Comenzaré con algunas referencias anecdóticas: En mis primeros días de prácticas en Urgencias en Buenos Aires cuando era estudiante de medicina me enteré que a algunas personas en el hospital se les llamaba "enfermo", a lo que se veía en el enfermo se llamaba "cuadro", a lo que ocurría por dentro del enfermo, "proceso". 
La medicina es entre otras cosas un discurso y una ética en la que destaca un afán de intervención. Lo cierto es que yo me sentí médico cuando utilicé aquellas palabras. 

  • Después, cuando conocí la homeopatía detecté que en su ejercicio el médico homeópata se interesaba por algunas cosas que me parecían raras: si el paciente mejoraba por el consuelo, empeoraba por la contradicción o lloraba por bagatelas (en la acupuntura y por extensión en la medicina tradicional china viento perverso, flema, fuego en lo alto ejemplifican cómo se designan algunas situaciones que aquejan al enfermo e intervienen los elementos que conforman el mundo, los factores climáticos y muchas más cosas). 
El discurso del homeópata era un regreso a la persona. Además recogía palabras del lenguaje corriente: chismoso, hinchado, cabeza blanda, ojo oscuro, late el estómago, en fin un sinnúmero de expresiones de uso vulgar que califican un síntoma, un rasgo del carácter, una modalidad del funcionamiento del cuerpo humano. 

  • Después de ejercer la medicina durante cinco años en mi país de origen, en España constaté que había trastornos que no recordaba haberlos visto en Argentina o por lo menos allá no eran trastornos: acetona en los niños, mala circulación, cólico, tensión descompensada. Me explico, no digo que en Buenos Aires no las hubiera escuchado o leído sino más bien que no configuraban un motivo de preocupación y no tenían entidad para el médico o para el paciente. Estas palabras me mostraban las diferentes preocupaciones de la gente en un sitio y en otro. 
A menudo con una palabra se otorga entidad patológica a un síntoma, a un padecimiento. La palabra esguince siempre significó torcedura de una articulación pero hoy tiene rango de afección de la que hay que cuidarse. ¿Será porque por él un deportista puede pasar dos o tres meses sin volver a jugar y esto es ya gravísimo? 

  • Pero me tranquilicé cuando recordé que la historia de la medicina nos dice que hasta no hace tanto las palabras hidropesía, anasarca o ictericia eran en sí mismas enfermedades y no meras cualidades integrantes de una enfermedad como se las considera ahora. 
Huelga decir que en los últimos años el número de palabras se ha multiplicado pero muchos de estos nuevos vocablos en realidad reemplazan a los antiguos y no designan nuevas realidades. Por otra parte siempre ocurrió que cuando no se puede decir casi nada de una enfermedad por desconocimiento se suele usar el lenguaje críptico. La expresión "urticaria recidivante esencial" significa ni más ni menos que una persona sufre erupción de habones, que esto se repite y que no se conoce la causa. 

Nuevas palabras son necesarias para nuevos conceptos pero muchas veces palabras nuevas precisan mejor viejos significados. Lo que se llamaba flora intestinal ahora se dice microbiota. 


  • Y vuelvo sobre un asunto que ya referí en otras ocasiones: ¿hacer diagnóstico es poner nombre a una enfermedad o determinar en qué consiste el proceso patológico? Se me dirá que las dos cosas. Pero si se pone el acento en lo primero es para complicar el discurso. Y cuando un discurso se elabora para que sólo lo descifren los entendidos entonces el lenguaje se pone al servicio de la profesión y no de la gente. Los primeros médicos griegos con espíritu hipocrático defendían que la medicina era saber, método, técnica pero también era una profesión. Una profesión necesita una forma de hablar que distinga al profesional del profano. Pero unos siglos más tarde con Galeno la medicina abundó tanto en clasificaciones, nombres, palabras, como perdió en una comprensión global de la enfermedad. Me parece que cuando el discurso se abre el médico se acerca al paciente.


  • Sabemos que la palabra cura o puede curar. La psicoterapia y los mantras de la meditación de las prácticas orientales nos pueden aclarar por qué lo digo. El sólido trabajo "La curación por la palabra en la Antigüedad Clásica" de Pedro Laín Entralgo de 1958 nos muestra que el propósito psicoterapéutico ya estaba en los antiguos griegos. 


  • En psicoanálisis pos freudiano se afirma que el inconsciente se estructura por significantes o sea más o menos, palabras. De allí a decir que la tendencia a enfermar está enunciada en palabras hay sólo un paso, siempre que aceptemos que por lo menos algunas formas de enfermar están determinadas inconscientemente. Y según estas argumentaciones nos enfermamos también por no decir todo aquello que deseamos decir. La palabra es el sistema de símbolos más evolucionado que ha creado el ser humano. Así y todo nunca logramos decir todo lo que buscamos expresar. Si esta carencia es origen de enfermedad como siempre ha sostenido el psicoanálisis entonces la enfermedad está asegurada. Y esto me recuerda a algunas interpretaciones de la psora en Homeopatía.
  • Curiosamente también nos enfermamos por hacer un discurso en torno al enfermar mismo. Lo puede firmar el hipocondríaco.